lunes, julio 28

Fríos



Llego tarde como siempre, era la misma de siempre. Sin embargo al poco andar y mucho conversar me invadió una sensación extraña. Sentía frio. En un primer momento pensé que era el ambiente, el día que estaba nublado, el viento que corría, la noche que empezaba a caer sin aviso. De pronto cuando tome su mano, y estaba fría pensé que no era el ambiente, si no ella. Quizás la vida, los golpes, los engaños, las desilusiones habían logrado transformarla por fin. Pero no, en sus ojos se veía la misma persona que tan bien conocía, que tanto quería. Entonces era yo el que había cambiado, el que me había vuelto frio. No, en verdad creo que era todo, el ambiente, ella, yo.


Por un momento sentí como si fuésemos dos extraños que se conocían en algún lugar de la ciudad. Pero aquel beso devolvió el calor. Ese que siempre había sentido, ese que me hace volver cada vez como un zancudo a la luz. Hizo que me olvidase de todo lo malo, aunque fuera por algunos segundos.

Luego la despedida, cuando se cerraron las puertas del metro me di cuenta de que todo seguía igual.

Gracias...

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