viernes, agosto 15

Pararse

Que lo que no te mata te hace más fuerte. Que al pararse de las caídas se aprende, y blabla. Cursilería barata, pero efectiva para la mayoría de las situaciones. Sin embargo nadie parece haber notado lo peculiar de pararse. El tiempo en que se deja el suelo y se vuelve a estar erguido. Allí las cosas se ven de otra manera. Quizás existe una conexión con la tierra. Los sonidos se hacen más notorios, la gotera infinita que cae de la llave hasta el lavadero y luego sigue su enigmático viaje por la tubería. El silbar de los pájaros, que intenta sobreponerse al rugir de los autos para indicarnos que aun están allí, que permanecen. Los olores, el perfume que queda por tiempo en la ropa como queriendo dormir allí por siempre, el olor a las sabanas nuevas, recién puestas. Los sabores, el amargo sabor que deja la pipa luego de fumar tabaco, la fortaleza del primer mate. Las visiones, la mirada perdida de la abuelita que camina solitaria a comprar el pan, y que al rato vuelve a pasar con la misma mirada, el perro que pese a su pelaje mojado, frio, mantiene ese brillo caluroso en los ojos, el pajarillo solitario que se posa sin miedo sobre el cableado eléctrico, y se mese intentando mantener el equilibrio, como una danza mistica.

Todo el mundo parece retumbar en la persona, sensibilidad incontrolable pero hermosa.

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