Allí estaba, al borde del precipicio, literalmente. Cansada de todo. Cansada de la nada. Agobiada por las mismas preguntas sin respuestas. Exhausta de intentar cambiar, de promesas a si misma que nuncio cumplió. Finalmente las sonrisas se hicieron esquivas, la esperanza de desvaneció. El llanto y la angustia se convirtieron en fieles compañeros de caminatas circulares y de noches solitarias. Ya no quería más. Quizás, simplemente, alguna gente había nacido para no ser feliz. Quizás el destino cruel, el azar y quien sabe que, se habían encargado de arrinconarla hasta allí, en jaque mate. Pero ella tenía un último recurso, la última alternativa, ponerle fin al juego. No le quedaba esperanza. Claro, solo esperamos de quienes amamos, y ella hace rato que había dejado de amar, hace tiempo que el cariño se le había podrido. Recordaba en ese instante previo, las conversaciones con sus amigas acerca del suicidio. Quizás era una cobarde, pero quien podía juzgarla, quien mas sentía como ella el agobio de vivir, el golpe de cada minuto, el peso de cada segundo, la desesperación en cada milésima. Tal vez era valiente, por atreverse a saltar, a dar un paso fuera de los márgenes, hacia la nada, abrazada a la incertidumbre del fin de la existencia. Cobarde o valiente, tampoco importaba mucho. Después de ese último salto ya nada importaría mucho. ¿Estaría Dios para recibirla? ¿Quizás Ala, o Buda? ¿O quizás pasaría a ser parte de la tierra? No le importaba. Solo quería escapar, dar un último paso a la verdadera libertad, a no tener que elegir nunca más. A no tener que recibir las miradas hostiles del resto de la gente. No tener que sufrir nunca más por una decepción, por un sueño roto. Sentía la brisa recorrer su cara, suave, como una caricia compasiva, como una unción final. Extendió sus brazos y miro hacia el finito, hacia el cielo que parecía un manto celeste cubierto de algodones. Entonces salto…
Mientras caía intentando no pensar en nada, una mariposa comenzó a volar junto a ella. Sus colores verdeazulados eran luminosos y se combinaban en hermosas figuras. Era la cosa más linda que había visto. Su última imagen antes del fin. De pronto sintió su cuerpo más ligero. Miro hacia abajo y había dejado de caer. Estaba suspendida, flotando en el aire, a mitad de camino. Entre el principio y el fin, entre la vida y la muerte. De pronto miro hacia sus costados y unas hermosas alas verdeazuladas se extendieron flamantes desde su espalda. Entonces fue cuando la otra mariposa, volando frente a frente, la invito a jugar. Desde entonces ambas vuelan juntas, revoloteando por los cielos celestes cubiertos de algodones, merodeando los precipicios, las azoteas de altos edificios o las ventanas de jóvenes suicidas.
3 comentarios:
Cielos. Me dieron ganas de suicidarme. No por el hecho de las mariposas, muy lindo por cierto, sino por el aún más confuso y aparente final... Bonito el detalle del Finito...
paf! Comenzó
Tengo la convicción que a mi me pasaría eso
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